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En Chile los últimos tres años han sido vertiginosos. Hemos vivido dos momentos de excepcionalidad: una revuelta popular masiva y destituyente, y una pandemia que golpeó al Estado, las empresas, las economías, la política y nuestra vida cotidiana.

Estos dos procesos han ocurrido de manera casi simultánea y en su devenir la política se vio obligada a tomar decisiones. Las fuerzas del cambio no han sido la excepción y sin ser gobierno o tener mayoría parlamentaria han tenido que viajar en este clima destituyente, donde todas las instituciones pierden credibilidad: el parlamento, el gobierno, el ejército, la fuerza policial, la Iglesia, los medios de comunicación y los grandes empresarios.

Desde los inicio de la revuelta de octubre el Frente Amplio apostó a encauzar las demandas y anhelos de transformación para salir de la crisis actual y recuperar la política como una herramienta que cambie la vida de las personas. Con esa convicción se firmó el acuerdo del 15 de noviembre, que posibilitó la apertura institucional del proceso constituyente que ya había iniciado en las calles; con ese mismo ímpetu ganó «el apruebo» a una nueva constitución en el plebiscito y la posterior elección de convencionales donde la derecha quedó disminuida y sin posibilidad de veto. Todos estos avances se lograron con una fuerte participación de la ciudadanía y los movimientos sociales, tanto en la campaña del plebiscito como también levantando diversas listas de independientes con muy buenos resultados en la Convención Constitucional. Todo este clima fue de cambio y destitución a la vez, lo que dificultó mucho la articulación de actores, la elaboración de propuestas programáticas y el dibujo claro de hacia dónde se inclinaría ideológicamente el futuro chileno.

En ese escenario se levantó la candidatura de Gabriel Boric, con una profunda convicción de proyectar una propuesta de país que fuera colectiva y convocante y que superara la atomización y desarticulación presente en ese momento. El Frente Amplio en estos tres años vertiginosos hizo un esfuerzo muy fuerte por pasar de la crítica, de la negatividad, a la positividad, a la propuesta política, programática y organizacional.

En el triunfo de Gabriel Boric jugaron muchos factores, pero sin lugar a dudas fue la muestra de una clara disposición del pueblo chileno por un cambio y una defensa de lo avanzado. Kast significó para muchos un riesgo importante de retroceso para los derechos y libertades alcanzadas, y la combinación de factores causó un desborde ciudadano de la campaña misma durante la segunda vuelta, tanto a nivel territorial como digital. Los comandos ciudadanos tomaron la campaña con creatividad y optimismo. Los mismos lograron ir desarmando los ataques de fake news constantes levantadas por la derecha política y mediática.

El triunfo de Gabriel Boric es histórico: es el presidente más votado de la vuelta a la democracia. Fue la votación más masiva desde la vuelta a la democracia y será el presidente más joven en la historia de Chile. Pero no cantemos victoria del todo. Estamos en un momento donde las fuerzas de izquierdas no solo se juegan un gobierno sino que se juegan la posibilidad de sacar de la inercia y la crisis a las instituciones, la economía y los cuidados en nuestro país. Esta inercia fue producida por años de una administración del Estado con una mirada neoliberal, que ha excluido a las mayoría de la población de los beneficios del desarrollo.

Todo este proceso se da en medio de la crisis mundial ocasionada por el Covid-19 y la crisis climática que ya está afectando de manera abrupta a nuestro país. Esto implica que no solo nos jugamos un gobierno sino un ciclo de gobiernos de cambios. Para lograr este objetivo se deben orientar las expectativas, pasar rápidamente a las propuestas y asegurar el exitoso desarrollo de la Convención, a pesar del boicot que tuvo durante su primer periodo bajo el gobierno de Sebastián Piñera. Estamos en un momento de transición entre la vieja Constitución y su forma de Estado y la Nueva Constitución que será el destrabe y empujón necesario para llevar adelante los cambios y transformaciones que nos permitan construir un horizonte de tranquilidad y certidumbre.

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